El día de los cuatro Papas

La ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, que muchos recordarán como “el día de los cuatro Papas”, empezó a generar imágenes memorables con la llegada de Benedicto XVI, el Papa emérito, que se sentó, vestido como un obispo más, entre la multitud de obispos bajo unos techos de lona que les protegían de la llovizna que empapaba a la multitud de peregrinos entusiastas. 

Varias personalidades civiles y eclesiásticas se dirigieron al obispo emérito de Roma para saludarle personalmente.

Con la presencia de 150 cardenales y 1.000 obispos, poco antes de las 10 de la mañana empezó a resonar la letanía de los santos, y por las puertas de la Basílica salió la procesión a la Plaza de San Pedro: detrás de la cruz, los Patriarcas de las iglesias orientales encabezaban la marcha, y entre ellos, el primero, el arzobispo mayor de los ucranianos grecocatólicos, Sviateslav Shevchuk) todo un símbolo de apoyo a la población de Ucrania y la iglesia grecocatólica, la más numerosa de las iglesias católicas orientales, ya que Shevchuk ni por edad (es, con mucho, el más joven), ni por honores (no es Patriarca ni cardenal) parece que debiera protocolariamente encabezar la marcha.  

 
A las 10 en punto el Papa Francisco cruzó las puertas en la procesión. La letanía de los santos acabó mencionando a una española, Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia cuyo aniversario de beatificación se celebraba esta semana. 
 
Después de iniciensar el altar, el Papa Francisco bajó un momento a saludar a Benedicto XVI con un abrazo emocionante; el único precedente en una ceremonia solemne de un abrazo entre dos papas en un gran encuentro litúrgico fue en el pasado consistorio de cardenales de febrero de 2014. En ambos casos, el Papa emérito acudía respondiendo a una invitación expresa del Papa Francisco. 
 
Después se procedió a la petición ritual de permiso al Papa Francisco para canonizar a los santos; dos peticiones, seguidas del canto del “Veni Creator Spiritus” y ya con el Espíritu Santo invocado, una tercera petición para inscribir “a estos hijos de la Iglesia en el Libro de los Santos”. 
 
En honor de la Santísima Trinidad, por la exaltación de la fe cristiana”, “después de una larga reflexión, invocada la ayuda de la Trinidad y con el apoyo de nuestros hermanos en el episcopado”… así el Papa Francisco declaró los santos: San Juan Pablo II y San Juan XXIII.

La gente aplaudió y vitoreó antes de que Francisco acabase de pronunciar las palabras. 

La costarricense “milagrada” Floribeth Mora y su marido llevan a Francisco la reliquia de sangre de Juan Pablo II
 
Mientras se cantaba un solemnísimo “Jubilate Deo” se presentaron las reliquias de los nuevos santos ante el altar. La costarricense Floribeth Mora, la “milagrada” que se curó sin explicación el día de la beatificación de Juan Pablo II en 2011 llevó su reliquia, acompañada de su esposo. Se trataba de una ampolla con sangre del Papa polaco.

Las de Juan XXIII las llevaban parientes del “papa bueno” y personalidades de su región. A las 10.25 el cardenal prefecto le dio las gracias al Papa, de parte del pueblo cristiano, por la canonización. Y se cantó el “Gloria”. Después, prosiguió la Eucaristía solemne.

 
de http://www.religionenlibertad.com
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