Mons. Arancedo exhortó a los argentinos a dejar de lado los enfrentamientos

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, consideró que la llegada del papa Francisco a la Cátedra de Pedro es una oportunidad para que los argentinos “hagamos un esfuerzo superador y dejemos de lado los enfrentamientos que nos debilitan”.

“Estuve con la presidenta (Cristina Fernández) después del encuentro con el Papa y la vi muy bien, diría hasta emocionada. Creo que a partir de ese encuentro hay algo nuevo. Insisto: el que no sabe leer los gestos padece miopía política y el futuro no está para miopes. Considero que hay gestos que tienen una virtualidad profética”, advirtió en una entrevista que publica hoy el diario Clarín.

Desde Roma, adonde viajó para participar de la misa de inicio del ministerio petrinio, el prelado santafesino calificó de “mezquinos” a quienes acusaron al entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio de complicidad con la dictadura militar.

La entrevista
-Qué sorpresa, ¿no? El cardenal Bergolio elegido Papa…
-Si, yo también estoy sorprendido. En los pronósticos que se hacían no lo mencionaban a él. Se ve que los cardenales fueron descubriendo lo que tenía que ser, lo que Dios quería.

-¿Qué impacto puede tener la elección de Francisco en la Argentina?
-Es un gesto que tenemos que saber leer de cara al futuro. Un gesto que nos dice a los argentinos que tenemos que encontrarnos. Incluso el gesto de la presidenta de venir y de Francisco de que sea la primera mandataria del mundo en recibir e incluso de invitarla a almorzar en su residencia. Es un gesto, en fin, en pos de una Argentina que tiene que superarse, encontrar la verdad y la justicia, pero que debe tener en el horizonte la reconciliación de los argentinos. Que tenemos que dejar de lado las descalificaciones que nos enfrentan y darnos cuenta de que, en la justa y necesaria diversidad, debemos construir, a través del diálogo, la pertenencia a una misma comunidad.

-Pero el comunicado del Gobierno ante la elección de Bergoglio fue formal, casi frío…
-Estuve con la presidenta después del encuentro con el Papa y la vi muy bien, diría hasta emocionada. Creo que a partir de ese encuentro hay algo nuevo. Insisto: el que no sabe leer los gestos padece miopía política y el futuro no está para miopes. Considero que hay gestos que tienen una virtualidad profética.

-¿O sea que usted augura una mejoría en la complicada relación Gobierno-Iglesia?
-Creo que sí. Como presidente del Episcopado procuré mejorarla. Tuve reuniones con el Gobierno. Siempre digo que los obispos no somos oficialistas, ni opositores. Se lo dije a la Presidenta. Queremos tener una relación de sana autonomía en la cooperación dado que el camino de la Iglesia como del Gobierno es el hombre en su dimensión humana y espiritual. Por eso, la relación tiene que ser buena, más en un país de raíces cristianas. Tenemos que hacer un esfuerzo superador y dejar de lado los enfrentamientos que nos debilitan.

-De hecho, los obispos de la Iglesia advirtieron en diciembre pasado que el país corre el riesgo de caer en dos bandos irreconciliables…
-La expresión puede sonar fuerte, pero se veía que había una confrontación y que el país debía dar un salto de calidad ante un enfrentamiento casi histórico, además de otras cosas que señalamos, sin dejar de valorar lo positivo. Pero no podíamos dejar de expresar nuestra preocupación ante enfrentamientos que producen heridas, situaciones irreconciliables.

-¿Pero el Gobierno no tuvo la principal cuota de responsabilidad en este clima de enfrentamiento?
-No quiero hablar de cuotas en este momento y menos aquí en Roma. Diría que la verdad está adelante. Tenemos raíces en el pasado, en la historia que hay que purificar. Como dije, tenemos que avanzar en la verdad y la justicia debe hacer su trabajo. El propio Francisco cuando era arzobispo de Buenos Aires declaró (como testigo) en causas por violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura. Pero si no hay un horizonte de encuentro, de reconciliación, no vamos a salir adelante.

-¿Y usted considera que la elección de Francisco es un envión en ese sentido…
-Creo que sí. Para el mundo y en especial para nosotros. Antes de venir a Roma, la gente que me reconocía en la calle en la Argentina me decía que estaba muy contenta.

-Salvo algunos exponentes del kirchnerismo, que lo acusaron de reaccionario y de haber sido cómplice de la dictadura…
-Me parece que esas son cosas en las que no vale la pena detenerse. No nos hace bien. La realidad, lo que estamos viviendo, descalifica a esas voces. Además, también escuché otras voces con autoridad para hablar de la época de la dictadura como (el Premio Nobel de la Paz, Adolfo) Pérez Esquivel y (la ex miembro de la CONADEP, Graciela) Fernández Meijide, que rechazaron una complicidad del hoy Papa Francisco. Me parece algo menor y mezquino el modo en que algunas personas quisieron empañar una elección que fue celebrada por países de todo el mundo, por las otras religiones. Los argentinos necesitamos hoy grandeza, que se construye con humildad y verdad.

-¿Pero no sería ilusorio esperar un cambio en un Gobierno que ya se ha mostrado en varias ocasiones como muy confrontativo?
-Creo que en estos días hubo signos que considero proféticos y eso es ahora lo importante.+

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