Dos argentinas están más cerca de ser beatificadas

El obispo de Cruz del Eje y delegado episcopal para las Causas de los Santos, monseñor Santiago Olivera, reveló a AICA que la Congregación para las Causas de los Santos abrió este miércoles la caja que contiene el proceso del supuesto milagro atribuido a la intercesión de la venerable Madre Catalina de María Rodríguez, fundadora de la Congregación de las Esclavas del Corazón de Jesús, más conocida como “Esclavas Argentinas”.

“Hoy ha sido una alegría –confesó monseñor Olivera, desde Roma-. En la Congregación para las Causas de los Santos se abrió la caja con el proceso del supuesto milagro atribuido a la intercesión de la venerable Madre Catalina, que tanto tiene que ver con el Cura Brochero. Es un gozo haber estado allí. Ahora, a rezar para que, como Brochero, esta causa avance y se concrete el milagro”.

El prelado señaló, además, que la Junta Médica del Vaticano también estudiará el supuesto milagro de la venerable María Antonia de Paz y Figueroa (1730-1799), una religiosa argentina que sirvió a la Compañía de Jesús y que fundó la Casa de Ejercicios Espirituales en Buenos Aires, que se mantiene en pie hasta hoy en el barrio porteño de Monserrat.

“Para la Iglesia Argentina este es un don muy grande”, señaló el obispo. “Debemos rezar pero las causas nuestras van caminando; sin duda, es tiempo de verdadera gracia para nuestra Patria”, resumió monseñor Olivera.

La Madre Catalina
Se trata de una mujer cordobesa que buscó vivir la plenitud del amor a Dios y al prójimo como laica, como madre y como religiosa, junto con el padre José Gabriel Brochero, el “Cura Brochero”, tuvo una fecunda misión en la Iglesia a fines del siglo XIX.

El 29 de septiembre de 1872 fundó en Córdoba el Instituto de las Esclavas del Corazón de Jesús. Una mujer de su tiempo que, desde el amor y la reparación al Corazón de Jesús, abrió caminos de nuevas presencias pastorales.

María Antonia de Paz y Figueroa
Nació en Silípica, Santiago del Estero, en 1730, y falleció en Buenos Aires el 7 de marzo de 1799. En 1760, María Antonia de Paz y Figueroa reunió a un grupo de chicas jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad, y durante veinte años estuvo al servicio de los padres jesuitas, asistiéndolos especialmente en las tareas auxiliares de los ejercicios espirituales.

Cuando se produjo la expulsión de la Compañía de Jesús del entonces Virreinato del Río de la Plata, en 1767, María Antonia pidió al mercedario Diego Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión, mientras ella se ocupaba con sus compañeras del alojamiento y las provisiones para continuar con los ejercicios espirituales.+

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