¿Por qué un cónclave? Un poco de historia

Todo ocurre aquí, en la Capilla Sixtina. Envueltos por la magnífica obra maestra de Miguel Ángel, cuando los cardenales de la Iglesia católica entren en el cónclave secreto para elegir al nuevo Papa, estarán siguiendo un ritual que data del siglo XIII, cuando las elecciones del Sumo Pontífice podían durar años y algunos cardenales llegaban a morir durante el largo proceso de selección. Pero no siempre fue así. Hace siglos, el proceso de elección era muy diferente. De hecho, el grupo que elegía al Papa era totalmente diferente.

“Al principio, la elección del Papa, era muy parecida al modo de elegir a los obispos en los primeros siglos. Lo elegía la comunidad cristiana, la asamblea de los cristianos de Roma, elegía a su propio obispo y, por tanto, al Papa”.

Con el tiempo, la Iglesia comenzó a crecer, y se empezaron a tomar medidas de precaución para evitar influencias externas en el proceso de elección. Un Papa decidió cambiar el proceso y marcó un nuevo rumbo en la Iglesia.

“El papa León IX, en el año 1049, estableció que sólo los cardenales participaran en la elección del Papa”.

El término cónclave, que proviene del latín y significa “bajo llave”, se refiere a la práctica de encerrar a los cardenales y alejarlos de los ojos del mundo para permitirles elegir a un nuevo Papa sin interferencia del exterior.

Y aunque desde hace siglos el cónclave se desarrolla en la Capilla Sixtina, nunca había sido el lugar oficial hasta que el papa Juan Pablo II incorporó esa norma en la constitución apostólica.

Elecciones papales en tiempos difíciles
La elección de Gregorio X en septiembre de 1271, en momentos en que la Iglesia estaba sumida en profundas divisiones políticas, se produjo después de casi tres años de deliberaciones en la ciudad de Viterbo, unos 85 kilómetros al norte de Roma.

Después de dos años sin definición, los pobladores locales iniciaron una ola de disturbios, retirando el techo del palacio en el que los cardenales estaban reunidos -supuestamente para permitir que el Espíritu Santo los alcanzase- y cortaron sus suministros de comida para empujarlos a tomar una decisión.

Las condiciones fueron tan complicadas que dos cardenales murieron y un tercero tuvo que abandonar el cónclave por problemas de salud antes de que los restantes “príncipes de la Iglesia” finalmente escogieran a Gregorio X.

El nuevo pontífice estaba decidido a que ese calvario no volviera a producirse jamás. Por eso, en 1274 dictaminó que en el futuro los cardenales deberían permanecer encerrados en una habitación individual, con un baño adyacente, en el palacio papal, en los 10 días posteriores a la muerte de un Papa.

Después de tres días, si no era elegido un nuevo Sumo Pontífice, se les serviría sólo un plato para el almuerzo y para la cena, en lugar de dos. Después de cinco días, sólo recibirían pan, agua y un poco de vino hasta que llegaran a una decisión.

El valor de las nuevas reglas fue destacado cuando en 1294 llevó más de dos años designar al nuevo líder de la Iglesia.

El punto de estancamiento sólo fue superado cuando el cardenal italiano Latino Malabranca declaró que un supuesto santo ermitaño, Pietro Del Morrone, había profetizado castigo divino para los electores que fracasaran por mucho tiempo a la hora de elegir un nuevo Papa.

Los cardenales preocupados acordaron votar por el santo ermitaño y finalmente Morrone, a sus 80 años, superó su asombro decidiendo que era un designio de Dios. Entró en la ciudad central italiana de L’Aquila montado a un burro para ser nombrado Celestino V.

Pero el cargo papal no le ajustó al ex ermitaño, quien renunció apenas unos meses después y se convirtió en el último Papa en dejar voluntariamente el puesto hasta que Benedicto XVI siguió su ejemplo en febrero pasado.

Gregorio XI renunció contra su voluntad en 1415, para terminar con una disputa con un rival que reclamaba la Santa Sede, y es el último pontífice en dejar su cargo por cualquier causa antes que Benedicto XVI.

La última decisión de Celestino V fue restaurar las reglas del cónclave de 1274, que incluían una prohibición estricta de comunicación para los cardenales electores, con la que el Vaticano ha tratado de mantener el secreto de las elecciones papales hasta la actualidad.

Los últimos siglos. Los cónclaves “largos”
El cónclave más largo de la historia moderna fue en 1740 para la elección de Benedicto XIV; duró del 18 de febrero al 17 de agosto, 181 días; los electores eran 51 y 4 murieron durante el cónclave.

En 1758 el cónclave para la elección de Clemente XIII duró del 15 de mayo al 6 de julio (53 días). Entraron 45 cardenales electores, pero en la votación final estuvieron presentes solamente 44.

La elección de Clemente XIV en el cónclave de 1769, duró 94 días, del 15 de febrero al 19 de mayo y los electores fueron 46.

El Papa Pío VI fue elegido en un cónclave que se desarrolló del 5 de octubre de 1774 al 15 de febrero de 1775 (133 días). Los cardenales electores eran 44, pero dos de ellos murieron durante el cónclave.

La elección de Pío VII tuvo lugar en Venecia ya que Roma estaba ocupada por las tropas napoleónicas. El cónclave duró del 1 de diciembre de 1799 al 14 de marzo de 1800 (105 días). Fue el último cónclave fuera de Roma y participaron 34 electores.

En 1823 el papa León XII fue elegido después de 27 días (2 de septiembre- 28 de septiembre) y los cardenales electores fueron 49.

En 1829 el cónclave para la elección de Pío VIII duró 36 días, del 24 de febrero al 31 de marzo y participaron en él 50 electores.

Gregorio XVI fue el último cardenal no obispo elegido Papa. El cónclave para su elección duró 51 días, desde el 14 de diciembre de 1830 al 2 de febrero de 1831 (51 días) y los cardenales electores fueron 45.

Los cónclaves “cortos”
Los cónclaves “cortos” empiezan en 1846 con la elección del beato Pío IX. 50 electores lo eligen Papa en un cónclave que dura 3 días, del 14 al 16 de junio.

En 1878 sube al solio pontificio León XIII después de un cónclave que dura 3 días, del 18 al 20 de febrero y en el que participan 61 electores. El cardenal John McCloskey, arzobispo de Nueva York, primer cardenal no europeo que tendría que haber participado en un cónclave llega demasiado tarde a Roma para hacerlo.

En 1903 es elegido papa San Pío X. Durante el cónclave que lo elige se ejerce por última vez el llamado “Ius Exclusivæ” (el derecho de exclusión del que gozaban diversos monarcas católicos de Europa para vetar a un candidato al papado). En esa ocasión fue el emperador Francisco José I de Austria que ejerció el veto sobre el cardenal italiano Mariano Rampolla. El cónclave duró 5 días del 31 de julio al 4 de agosto. Participaron 64 electores y hubo 7 escrutinios Después de su elección San Pío X abolió el derecho de veto.

En 1914 el cónclave que elige a Benedicto XV dura 4 días, del 31 de agosto al 3 de septiembre. Los electores son 57 y los escrutinios 10. Se quedan fueran de las puertas de la Sixtina dos cardenales estadounidenses y un canadiense por haber llegado tarde. Sin embargo, por primera vez participa un cardenal de América Latina.

En 1922 durante el cónclave que elige a Pío XI vuelven a quedarse fuera 2 estadounidenses y 1 canadiense. Se instituye entonces la regla que establece que desde el inicio de la Sede Vacante los cardenales tendrán un plazo de 15 días para llegar a Roma. Los electores esta vez son 53. El cónclave dura 5 días, del 2 al 6 de febrero y los escrutinios son 7.

En el cónclave que elige a Pío XII en 1939, participa el primer patriarca de rito oriental. El cónclave, el más corto, dura dos días; del 1 al 2 de marzo. Los electores son 62 y los escrutinios 3.

El beato Juan XXIII es elegido en 1958. Por primera vez participan en el cónclave cardenales chinos, indios y africanos. Los electores son 51. El cónclave dura 4 días, del 25 al 28 de octubre y los escrutinios son 11.

En 1963 un cónclave que dura 3 días, del 19 al 21 de junio y en el que participan 80 electores elige como papa a Pablo VI después de 6 escrutinios.

En 1978 el cónclave que elige a Juan Pablo I es el primero donde no participan los cardenales que hayan cumplido ochenta años. El cónclave dura 2 días, del 25 al 26 de agosto, los escrutinios 4 y los electores 111.

En el segundo cónclave celebrado ese año, del 14 al 16 de octubre, (3 días) 111 electores eligen al beato Juan Pablo II después de ocho escrutinios.

En 2005 Benedicto XVI es elegido papa en el cuarto escrutinio de un cónclave que dura 2 días, del 18 al 19 de abril y que cuenta con el mayor número de cardenales electores de la historia: 115.

El cónclave que se abre hoy, 12 de marzo, será el primero desde 1829 que se celebra en tiempo de Cuaresma. +

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