La renuncia de Benedicto XVI a obispo de Roma

El 11 de este mes febrero, el papa Benedicto XVI anunciaba: “Con plena libertad renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales, el 19 de abril de 2005, de forma, que desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, sede de san Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice”.

Justificaba su decisión: “Por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio de san Pedro. Para gobernar la barca de Pedro y anunciar el Evangelio es necesario tambien el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha desminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me  fue encomendado”.

El Código de Derecho Canónico prevé esta situación: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no sea aceptada por nadie” (canon 332, apartado 2).  Los cánones referentes a los oficios eclesiasticos establecen con carácter general: “El que se halla en su sano juicio puede, con causa justa, renunciar a un oficio eclesiástico” (canon 187). “Es nula, en virtud del mismo derecho, la renuncia hecha por miedo grave injustamente provocado, dolo, error sustancial o simonía” (canon 188).

Pues bien, el papa Benedicto XVI, de conformidad con los artículos citados, renuncia libre y formalmente, en sano juicio con justa causa y sin miedo grave injustamente provocado, a la función de Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal. Su renuncia es plenamente válida y lícita, pudiendo otorgársele el título de emérito de Obispo de Roma conforme al canon 185 del Código de Derecho Canónico que establece: “Puede conferirse el título de emérito a aquel que ha cesado en un oficio por haber cumplido la edad o por renuncia aceptada”. En este caso, no cabe la aceptación de la renuncia, ya que no hay autoridad superior a la suya en la Iglesia católica que pueda  aceptarla.

Su renuncia a Obispo de Roma revela una excepcional personalidad humana y cristiana que no esta apegada a dicho cargo y función, sino que está al servicio de Dios, de Cristo y de la Iglesia. Resulta admirable en esta vida, en la cual apenas nadie quiere renunciar a tal dignidad y poder, que el papa Benedicto XVI renuncie  a la máxima dignidad eclesial y a todo el poder ordinario, supremo, pleno, inmediato, universal y libre sobre la Iglesia católica y al máximo respeto y consideración fuera de ella. Es verdad que la historia de la Iglesia católica nos cuenta tres o cuatro casos de Papas que renunciaron al Papado, pero eran otros tiempos, otras razones y otras circunstancias muy distintas a las actuales del papa Benedicto XVI.

Benedicto XVI, de niño, adolescente y joven, era ya una persona piadosa, sensible y amable, un excelente estudiante y músico, a quien le entusiasmaban las  celebraciones litúrgicas. Tenía una especial capacidad para la especulación intelectual, por la cual quería orientar su vida laboral. Estas características de su personalidad le acompañarán a lo largo de su vida de sacerdote, profesor, arzobispo, cardenal y papa. Las raíces de dichas hermosas cualidades hay que buscarlas en el hogar de sus queridos padres, en su parroquia natal, en la escuela de su pueblo y en su bella tierra de Baviera.

Su currículum vitae es extraordinario. Es ordenado sacerdote, junto con su hermano, Jorge, el 29 de junio de 1951, en la catedral de Freising. En agosto de este mismo año, es destinado como coadjutor a la parroquia de la Preciosísima Sangre de Munich, pasando poco tiempo después a profesor de seminario de la diócesis Freising. Doctorado en teología, es profesor de esta disciplina en las universidades de Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona y perito del concilio Vaticano II.

Sin buscarlo y sin pretenderlo es nombrado arzobispo de Múnich y Freising y cardenal por el papa Pablo VI. El obispo Engelber Sieble recuerda que siendo  arzobispo de esta archidiócesis: “Josepf Ratzinger dictaba mientras paseaba por la habitación y se podían imprimir  veinte páginas sin encontrar un solo error, le encantaba debatir, le interesaba mucho la ciencia y le encanta la música, por la noche tocaba a Mozart al piano antes de acostarse”.

El papa Juan Pablo II le nombra prefecto del Congregación de la Doctrina de la Fe y miembro de cinco Congregaciones, de dos Consejos y de la Comisión Latinoamericana. Vittorio Messori escribe en su libro,Informe sobre la Fe, sobre el cardenal Josepf Ratzinger: “Es el típico bávaro, de aspecto cordial, que vive modestamente en un pisito cerca del Vaticano. Va solo con chaqueta y corbata, frecuentemente al volante de un pequeño utilitario por las calles de Roma, y que nadie pensaría que se trata  de uno de los hombres más importantes del Vaticano. A su sentido del humor, añade su capacidad de escuchar, su disponibilidad de dejarse interrumpir por el interlocutor y su rapidez de respuesta, con franqueza total, a cualquier pregunta. Es un hombre, pues, muy alejado del estereotipo del cardenal de curia evasivo y socarronamente diplomático”.

Autor de 40 libros y de numerosísimos artículos de revistas de divulgación científica, cuyas obras son producto de un estudio y de una reflexión profunda sobre la fe cristiana en confrontación con el mundo actual. Es uno de los fundadores de la revista teológica Concilium y promotor del Catecismo la Iglesia. Ingrid Stampa, su secretaria particular, manifestaba entonces: “Las pasiones del papa Benedicto XVI, eran la música, el piano y los largos paseos en bicicleta, pero ahora prefiere pasear a pié con su boina vasca a la que tiene un gran cariño”. Enrique Pinci, su confesor durante seis años, cuando era párroco en Santa María Transpontina, decía: “Es una persona humilde y amable, con ideas claras sobre la Fe católica, vive como un asceta”.

Es elegido Papa, el 19 de abril de 2005, por muerte de su antecesor, Juan Pablo II, de feliz memoria, sale al balcón para presentarse al pueblo romano como el nuevo Papa y pronuncia las siguientes palabras: “Los señores cardenales me han elegido Papa a mi, humilde trabajador  de la viña del Señor. Se impone el nombre de Benedicto XVI, en memoria del  papa Benedicto XV, gran promotor de la paz mundial, y en recuerdo de S. Benito, cuya regla y obra monacal es base fundamental  de la historia, cultura y civilización de Europa.

 Elige como  lema papal: “Cooperador de la verdad”, que conserva de su escudo arzobispal de Munich y Freising. Su programa papal es: “Ponerse contada la Iglesia a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor, dejándose conducir por él, de tal modo, que sea el Señor el conduzca a la Iglesia en  esta historia.La gran preocupación del papa Benedicto de XVI fue y es presentar el Evangelio de Jesucristo como el gran mensaje de salvación para el mundo actual y defender la moral cristiana de la vida humana, del matrimonio y de la familia, como  base y fundamento de la felicidad social y política humana.

En su pontificado merecen destacar las medidas tomadas de tolerancia cero contra la pederastia de determinados eclesiásticos, poner orden y limpieza en la congregación de los Legionarios de Cristo Rey, sus muchos viajes apostólicos internacionales, sus numerosos discursos y alocuciones, sus tres tomos sobreJesús de Nazaret y sus tres encíclicas, Deus Caritas est, Spes salvi y Caritas in Veritate, sobre todo, está última que enlaza y supera  a la gran encíclica social, Rerum Novarum de León XIII, y a las encíclicas que tratan el tema de la justicia distributiva, como son, Mater el magistra de Juan XXII, Pacem in terris de Pablo VI y Populorum Progresio de Juan Pablo II.

Buscando, pues, motivos y razones de su renuncia como Obispo de Roma, los diversos medios de comunicación social señalan: su problema físico de movilidad, el estado en que se encuentra la curia romana dividida por las cuestiones, Vigaño e Instituto de Obras de Religión (IOR) y el caso Vatileak, junto con el recuerdo de los últimos años del pontificado del papa Juan Pablo II en que, debido a su larga y penosa enfermedad,  el gobierno de la Iglesia sufrió divisiones, rencillas y no se resolvieron ciertos problemas eclesiásticos que él tuvo que afrontar .

La cuestión Vigaño dio lugar a la división entre los partidarios de Carlo Maria  Vigaño, número dos del Gobierno del Estado Vaticano, y los del cardenal Bertone, número uno y secretario de Estado del Vaticano, en quien el Benedicto XVI había puesto toda su confianza. Carlo María Vigaño que controlaba los gastos, ingresos y servicios del Estado Vaticano, considerándose víctima de una conjura contra él promovida por determinado cardenal curial,  denuncia por carta al papa Benedicto XVI casos de corrupción, gastos inflados y compras poco claras en dicho Estado Vaticano.

La cuestión IOR originada por el fracaso de la gestión financiera de su presidente Ettore Gotti Tedeschi,  dio lugar a la dimisión de su cargo ante la oposición de la vieja guardia curial vaticana. Había sido puesto por la comisión de cardenales para dar transparencia a las cuentas bancarias. Hace unos días ha sido nombrado presidente del IOR, el alemán Ernest Freybeg.

El caso Vatileaks es la traición protagonizada por Paolo Gabriele, mayordomo de su casa y persona de su confianza, al fotocopiar y publicar documentos secretos y reservados contra quien el papa Benedicto XVI tuvo que tomar medidas judiciales canónicas

Las cuestiones, Vigaño y IOR y el caso Vatileak fueron como tres puñales clavados en el corazón del papa Benedicto XVI, anciano de 85 años, sintiéndose sin fuerzas y sin capacidad para resolver aquellas y afectándole enormemente dicho citado caso. Su renuncia admirada por todo mundo cristiano o no cristiano será recordada en la Historia de la Iglesia como un gran gesto de humildad, propio de una persona que tiene una profunda fe,  gran esperanza y extraordinario amor a Dios, a Cristo y a su Iglesia. Su persona, de esquisto y rico trato, será mencionada como uno de los grandes intelectuales del momento cultural en todo el mundo.

 

José Barros Guede

A Coruña, 18  de febrero del 2013

revistaecclesia.com

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