El hombre de fe no puede ser indiferente ante los atentados a la dignidad de la vida

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, destacó que transitar la Cuaresma en el Año de la Fe “le da un marco que nos ayuda a profundizar el nivel y el compromiso de nuestra vida cristiana. Se trata de un hecho religioso con implicancias en la vida familiar, social e incluso política. La fe ilumina y da sentido a toda la vida del hombre. Ella es respuesta a Dios que nos habló de un modo pleno y definitivo por su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo”.

“La mirada de fe siempre debe partir de esta verdad que no limita a la inteligencia, por el contrario, la supone, la necesita y eleva. Dios al dirigirnos su Palabra busca la inteligencia y el corazón del hombre. Él no ha creado robots sino hombres libres, y espera la respuesta de fe desde nuestra libertad. En este sentido es bueno recordar la bella imagen del Beato Juan Pablo II, cuando afirma que: ‘la fe y la razón son como dos alas con las que el espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad’. Cuaresma es un tiempo propicio para profundizar este camino de Dios que la Iglesia, a través de la liturgia, nos va ir proponiendo como itinerario de la fe”, subrayó en su alocución semanal por radio.

El prelado sostuvo que “la fe no nos debe encerrar en un intimismo religioso que nos desentienda de la realidad. Decir creo en Dios, es vivir y comprometerse con la verdad anunciada por Jesucristo. El hombre de fe, en su fidelidad al evangelio y en su compromiso con la fe no puede, por ello, permanecer indiferente ante los hechos que atentan a la dignidad de la vida del hombre”.

Tras recordar que “Pablo VI hablaba del alcance social que debe tener la evangelización”, precisó que “no podemos separar, desde una comprometida mirada de fe, la dimensión humana de la dimensión religiosa del hombre. En este sentido cabe recordar que el mismo Código de Derecho Canónico, cuando se refiere a la función de enseñar, afirma: ‘A la Iglesia le compete siempre y en todo lugar anunciar los principios morales, incluso sobre el orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas’. El hombre es el camino del Evangelio, por ello lo es de la Iglesia”.

“La Palabra de Dios no es una fuerza ciega, sino que tiene un contenido que debe formar nuestra inteligencia y corazón, como orientar nuestro compromiso en la acciones que hacen a la vida social. La carta apostólica ‘Porta Fidei’ es clara al respecto: ‘Habrá que intensificar, nos dice, la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio en el que la humanidad está viviendo”, puntualizó citando a Benedicto XVI.

“Ahondar el contenido de la fe por el camino de la formación es, por lo mismo, un acto de madurez personal y eclesial. El acto de fe no es una decisión vacía de contenido, sino un sí a la persona y al evangelio de Jesucristo. Esto nos debe llevar a comprender la importancia de poder dar razones de lo que se cree. Como afirma el Santo Padre: ‘el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y voluntad’”, concluyó.+

Texto completo de la alocución

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