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Recuperar la figura paterna

de Iglesia.org

Desde hace varias décadas comenzó a hablarse del «padre ausente» como caso característico de hogares donde, por divorcio o por haber nacido el hijo fuera del matrimonio, la figura paterna había desaparecido de la vida del niño. Más adelante, el término «padre ausente» empezó también a aplicarse a aquellas familias donde, existiendo un padre, éste hubiera abdicado de su rol por un desorden en sus prioridades, por verse aplastado por una «súper mujer » descalificadora o por simple inconsciencia sobre los efectos que tendría en la vida de sus hijos esta dejadez.

Víctimas de un modelo

A juicio del norteamericano Robert Rector, de la Heritage Foundation de los Estados Unidos, muchos han lucrado por motivos ideológicos del cliché del padre ausente y sin autoridad sobre los hijos. Algunas feministas, por ejemplo, señalan que el padre es un fósil cultural de un modelo familiar en extinción y reemplazable en otros «tipos de familia» donde no necesariamente se da el triángulo padre-madre-hijos. Otros, los que abogan por un Estado todopoderoso, siempre están dispuestos a buscar fórmulas para llenar el vacío del padre ausente y ganar terreno en la vida de los individuos. Así, señala este norteamericano, «en EE UU, al igual que en otras sociedades, la familia tradicional integrada por marido, mujer e hijos, está siendo reemplazada por un nuevo modelo integrado por mujer soltera, hijos y subvención pública». Por otra parte, como ha dicho Juan Pablo II, existe un interés en difundir la idea de que los hijos son un «derecho», despreciando el real y auténtico derecho, que es el de los hijos, a ser concebidos por un padre y madre que crean las condiciones necesarias para que su crecimiento sea sereno y armonioso.

Lo que nadie se atreve a decir en voz alta, es que todas las partes involucradas son víctimas del nuevo modelo. Partiendo por los hombres que aunque aparecen como los «liberados» de la carga de criar hijos, en el fondo se ven privados de la verdadera madurez que supone sacar al hogar adelante y se pasan su vida en un limbo de perpetua adolescencia egoísta. Luego, las mujeres que, sin la protección psicológica y social que da un matrimonio, se empobrecen y al cabo de unos años, terminan estableciendo relaciones amorosas difíciles y abusivas con hombres incapaces de comprometerse. Y finalmente, por supuesto están los hijos: la ausencia de figura paterna los vuelve básicamente inseguros. Su adolescencia se transforma en un caos de sentimientos encontrados donde la rabia, la violencia, la desazón no alcanzan a cuajar en un reclamo por estar privados de algo a lo que, en justicia, tenían derecho: un padre.

Capítulo aparte merece enumerar todas las consecuencias que tiene para cualquier Estado no defender el espacio propio a la familia: junto a la desaparición de la figura del padre ha crecido la tasa de deserción escolar, el embarazo adolescente, la drogadicción y la criminalidad juvenil.

Una sociedad «adolescéntrica»

La pérdida de la figura del padre –dice Anatrella– se explica en otros fenómenos sociales:
La revolución cultural de año 68, señala, dejó entre sus muchas estelas la idea de que el modelo humano a seguir es la de un adolescente idealista, espontáneo y sin fuerzas externas que condicionaran su libertad. El resultado es que hoy toda nuestra sociedad se ha vuelto «adolescéntrica». Así como en otras épocas el modelo a imitar era el anciano sabio, o el adulto seguro y responsable, hoy aparece entronizado el adolescente: entonces la libertad es confundida con espontaneidad, el amor con seducción, y el compromiso con una atadura.
En este contexto, ser padre es imposible, puesto que el propio padre quiere o cree ser un adolescente. Y como en la adolescencia el valor supremo es la amistad, quiere ser «amigo» del hijo. Al respecto el propio Juan Pablo II ha dicho: «no tengan miedo de ser padres, … llamarles la atención y corregirlos cuando sea necesario, con todo el afecto y la ternura, es indispensable para educarles en la verdad».

También las mujeres han influido en desacreditar la función paterna. Pues junto con luchar por el reconocimiento de sus aportes a la educación de los hijos no han sabido preservar los valores masculinos que también forman parte de la riqueza familiar. Por ejemplo, hoy es poco popular que la mujer destaque ante sus hijos la figura de un «hombre-marido» que tiene la responsabilidad de mantener la familia. ¡Podría ser acusada de machista! Sin embargo, dice Robert Rector, «esa imagen de marido es importante para los hijos. Los jóvenes necesitan de ese modelo por cuanto, sin esa aspiración de tener ellos mismos su propia familia, pierden motivación y empeño en su estudio y trabajo».

Por otra parte, dice Anatrella, si la mujer no trasmite a sus hijos la idea de un marido que los cuida, también altera el proceso de identificación sexual de los niños «Cuando el varón deja de verse a sí mismo como alguien que apoya y protege a la mujer, cambia la naturaleza de sus relaciones sexuales que se vuelven terriblemente egoístas» .

Por otra parte, los conceptos de orden y autoridad han sufrido una profunda devaluación en occidente. Tanto se ha exaltado el valor del consenso que ha llegado a creerse que este implica ninguna norma. Sin embargo, la falta de autoridad paterna a nivel familiar, pronto ve plasmados sus efectos a nivel social: «¿Qué adulto osaría hoy –pregunta el psicoanalista francés Tony Anatrella– llamar la atención a un grupo de jóvenes en la calle, en el metro o en cualquier otro lugar? Prefiere callar y seguir su camino».

La ausencia de figura paterna también tiene relación con los prejuicios que han invadido la transmisión de la fe cristiana a las nuevas generaciones. Tony Anatrella, desde su doble experiencia de psicoanalista y sacerdote, dice que se ha cometido un grave error al dejar de hablar de paternidad con pretexto de no herir a los hijos de divorciados. O por temor a que el oyente rechace a Dios porque tuvo mala relación con su padre. O porque algunos se sienten ofendidos por quienes dicen que Dios es padre y por tanto hombre. Privar al ser humano de la novedad traída por Cristo al mundo de ser «hijos» de un padre bueno es un terrible error.

En la misma línea, David Blankenhom, presidente del Institute por American Values, de religión protestante, hace una respetuosa crítica a los católicos: si bien la hermandad de Cristo es importante, no insisten en el papel de Dios Padre y tal vez, la desvalorización de la figura del padre en la sociedad actual coincide con la negación de paternidad de Dios.

Aquilino Polaino Lorente,
psiquiatra y académico de la Universidad Complutense de Madrid señala:

-El vínculo padre-hijo proporciona al niño que crece la seguridad que tanto necesita. Le da confianza en sí mismo, elemento clave en el que se apoya toda su autoestima. El hijo, tras la exigencia del padre –que siempre debe ser exigencia amorosa– descubre que puede hacer más de lo que hace, que alguien confía en él y espera algo de él. Se siente valioso, pues si no lo fuera, su padre no le pediría nada.

-El infantilismo y la inmadurez crónica son las consecuencias directas de la falta de padre. Si el hijo no aprende a ser hijo, le será mucho más difícil llegado el momento ser padre. De ahí las crisis que sobrevienen luego cuando a un hombre le tocan asumir las exigencias propias de la paternidad. En vez de acoger al hijo, al más mínimo problema, tienden a dejarle solo.

María Ester Roblero C.,
Hacer Familia
Mujer Nueva
Gentileza de Fluvium.org

Julio 9, 2008 Publicado por mariooweb | General, religion | | Aún no hay comentarios

El valor del sufrimiento

de EWTN: “Mini libros de la Madre Angélica”

El sufrimiento, en todas sus formas, fue desde los orígenes un misterio y una herida para la raza humana. Fue temido, maldecido y apartado, fue un signo de contradicción y una maldición. Jesús se hizo hombre y, al aceptar las consecuencias de nuestra caída y sufrir como todos nosotros sufrimos, elevó el sufrimiento, lo transformó, le dio poder, y entendió el dolor de cada miembro de la humanidad como el suyo. Tanto así, que cuando alivio el dolor de mi hermano, o me compadezco de él, Jesús considera esto como si se lo hiciera a Él mismo.

Siempre existió sufrimiento, dolor, hambre y sed antes de la Redención, y después de ella incluso, sigue habiendo sufrimiento, dolor, hambre y sed. La Redención me dio más que la exención del dolor: me dio a Jesús, su gracia, el Espíritu, el amor, la paz y la alegría. La Redención me ha elevado por encima del dolor.

Dios no quiere que sufra, así como nunca quiso que Adán y Eva pecaran, pero desde que lo hicieron y yo heredara la debilidad que brotó de aquel pecado, sufro, y siempre tendré que hacerlo.

La Redención de Cristo me hizo merecedor de participar en su Naturaleza Divina como Dios a través de la gracia, y participar en sus sufrimientos como hombre, a través de la Cruz.

Él descendió desde la Gloria hasta mi sufrimiento para que yo pueda elevarme desde mi miseria a su Gloria. Pero para conseguir esto, debo cargar sobre mis hombros al Cristo Total, sufriente y resucitado.

Cargó sobre sí mis pecados para que no pecara más.

Cargó sobre sí mis debilidades para que obtenga la gracia de superarlas.

Cargó sobre sí mi dolor para que pudiera coger sus manos con las mías.

Cargó sobre sí mi humillación para yo pudiera ser elevado hasta su Trono.

Cargó sobre sí la ridiculización y el insulto para que pueda mantenerme de pie en la persecución.

Cargó sobre sí la perdida de sus amigos en las horas de necesidad para que nunca estuviera solo en las mías.

Y luego…

Se mantuvo solo, abandonado por Dios y por los hombres, para que nunca me sintiera desolado ni rechazado.

Ahora es “nuestra” Cruz: suya y mía.

Ahora existe una razón detrás de cada lágrima, cada dolor, cada desconsuelo.

Desde ahora la Cruz no es un signo de desesperanza, ha sido elevada en lo alto y en ella yace el Hijo de Dios.

Ya no es más un signo de venganza sino un signo de Amor.

Ya no destruye sino que renueva y reconfigura.

Ya no oprime mi espíritu sino que lo vacía para que pueda ser llenado de Dios.

Porque…

Cada desconsuelo vacía mi alma de mí mismo y la llena de Él.

Cada lágrima lava mi alma y la hace más hermosa ante sus ojos.

Cada decepción fortalece mi voluntad para que se adhiera solo a Él.

Cada día de ansiedades me hace buscar su apoyo.

Cada hora de tensión me hace buscar serenidad a su lado.

Cada dolor es añadido a los que sufrió en la Cruz para redimir al mundo.

Cada duda me hace buscar la Verdad y tomarla con fuerza.

Cada separación me hace tomar conciencia de las cosas esenciales.

Cada vez que mi amor es rechazado puedo sentir como se siente Él cuando lo ignoran.

Cada vez que soy tratado injustamente, sé cuáles son fueron sus sentimientos cuando fue llamado un demonio.

Cada vez que el orgullo, los celos, o la ambición sacan la cabeza puedo ver su Corona de Espinas.

Julio 9, 2008 Publicado por mariooweb | General, religion | , , | Aún no hay comentarios

El Papa pide valentía en una globalización de la solidaridad

En su carta al primer ministro británico, el Papa pide valentía y responsabilidad en una globalización de la solidaridad, que respete la dignidad humana, libere al mundo de las plagas de la pobreza extrema y salvaguarde el planeta

Martes, 8 jul (RV).- Benedicto XVI reitera su anhelo de que «se cumpla un esfuerzo valiente en favor de la globalización de las expectativas de solidaridad, con la debida atención que merece el respeto de la dignidad humana, en todas las negociaciones, en todas las decisiones y en sus aplicaciones, para que los frutos de la Creación sean accesibles a todos y a las generaciones futuras. Sólo un sentido responsable y profundamente generoso garantizará que se puedan alcanzar los objetivos del milenio».

Lo recuerda el cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, respondiendo – en nombre del Papa – a una carta que el primer ministro británico, Gordon Brown, escribió al Santo Padre, el pasado mes de mayo de cara a la cumbre del G8 y de otras importantes citas internacionales, que tendrán lugar los próximos meses. Ambas cartas – la del mandatario británico y la del cardenal Bertone – han sido publicadas por L’Osservatore Romano.

«El Santo Padre reza con el fin de que los próximos importantes encuentros internacionales logren ofrecer una respuesta eficaz a las crisis económicas que afligen a diversas regiones del planeta y logren poner en práctica un plan de acción internacional concertado, que se proponga liberar al mundo de la pobreza extrema, de la plaga del hambre y de la carencia crónica de asistencia sanitaria general», escribe asimismo el cardenal Bertone, agradeciendo al primer ministro británico por su misiva y evocando el mensaje y el apremiante llamamiento que Benedicto XVI dirigió a la cumbre de la FAO sobre la seguridad alimentaria mundial, del pasado mes de junio.

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Parte rumbo a Sydney la delegación argentina de jóvenes

BUENOS AIRES, martes 8 de julio de 2008 (ZENIT.org-AICA).- Este miércoles 9 de Julio, partirá la delegación de la Pastoral de Juventud de la Argentina para participar de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ2008), que, con el lema: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes y seréis mis testigos”, se realizará en Sydney (Australia), del 15 al 20 de julio.

Los día previos se desarrollará en Nueva Zelandia la Pre-jornada.

Según informaron a AICA desde la Comisión Nacional, la Pastoral de Juventud tiene registradas 170 personas, a las que hay que sumarles los participantes de otras diócesis y movimientos que no se inscribieron a través de dicho organismo episcopal. En total se calculan cerca de 400 personas.

Estos jóvenes, señalaron, viajarán a Sydney con la expectativa de “vivir como Iglesia joven la comunión en la fe, desde la diversidad de carismas y de expresiones culturales, y responder al llamado del papa Benedicto XVI a vivir nuestra fe desde la fuerza que nos regala el Espíritu Santo, fuente de vida y de unidad que nos anima a construir la civilización del amor”.

La delegación oficial está compuesta por Mariana Cuello y Leonardo Blanc, coordinadores nacionales de la Pastoral de Juventud; Lorena Garces y Mercedes Baxzos, miembros de la Comisión Nacional; Mara Chejolan, de la Secretaría Permanente; y jóvenes de las arquidiócesis de Mercedes-Luján, Rosario, Bahía Blanca, Tucumán, Buenos Aires, Salta y Córdoba, y de las diócesis de San Isidro, Zárate-Campana, Villa de la Concepción del Río Cuarto, Neuquén, San Luis y Villa María.

La Jornada Mundial de la Juventud

Se trata del acontecimiento juvenil internacional más grande; una semana de actividades especiales de las que participa el Papa y cientos de miles de jóvenes de todo el mundo y que culmina con la misa de clausura celebrada por el Santo Padre.

El tema propuesto por Benedicto XVI para este año “Recibiréis la fuerza…”, es una invitación a los jóvenes a celebrar su fe en un tema particular. Es un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles que ocurre después de la muerte y resurrección de Jesús, justo antes de la ascensión hacia el Padre, y representa el nacimiento de la Iglesia.

Historia

La Jornada Mundial de la Juventud fue una iniciativa de Juan Pablo II, inspirado en el gran número de jóvenes que viajaron a Roma para celebrar el Jubileo de la Juventud en 1984 y el año Internacional de la Juventud de las Naciones Unidas, en 1985. A partir de allí quiso juntar a los jóvenes católicos de todo el mundo para celebrar y aprender sobre su fe de manera más continuada y regular.

La primera edición se celebró en Roma durante el Domingo de Ramos de 1986. Desde entonces, cada año se celebra ese día en el ámbito diocesano, y cada dos o tres años se celebra internacionalmente en diferentes ciudades, elegidas por el Vicario de Cristo. La primera fue en Buenos Aires en 1987.

El logo

El logo destaca la esencia del tema de la JMJ08 y la importancia de la promesa hecha por Jesús, de iluminar la tierra con el poder del Espíritu Santo, inspirando a los peregrinos que lleguen a Australia para que crean en Él y lo sigan.

En el centro se encuentra la Cruz que representa a Jesús, la luz del mundo.

Las llamas evocan la venida del Espíritu Santo durante Pentecostés en lenguas del fuego, el sacramento de la Confirmación y los dones del Espíritu Santo. Los colores rojos, amarillos y naranjas fluyen simbolizando a la Trinidad y unidad de Dios y recuerdan también los colores del paisaje en el interior del continente australiano. El azul representa los océanos que rodean Australia, el agua del Bautismo, el mar de la humanidad y a María, llena de gracia.

La Casa de la Ópera es el símbolo de Sydney, ciudad anfitriona

En el sitio www.pastoraldejuventud.org.ar se pueden consultar materiales de reflexión para vivir personal y comunitariamente la Jornada desde la Argentina y también las actividades programadas por algunas diócesis y movimientos en adhesión a este acontecimiento de la Iglesia.

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Benedicto XVI exhorta a G-8 preocuparse por naciones pobres

8-Julio-2008 — extraído de ACI Prensa Servicios de Noticias

VATICANO, 07 Jul. 08 (ACI).-El Papa Benedicto XVI exhortó a los países miembros del Grupo de los Ocho (G-8), a poner en el centro de sus deliberaciones a “las poblaciones más débiles y más pobres, cuya vulnerabilidad aumentó por las especulaciones y las turbulencias financieras, que tienen efectos perversos sobre los precios de los alimentos y de la energía”.

Tras pronunciar el Ángelus en la plaza central de Castel Gandolfo, el Pontífice pidió a los líderes de los ocho países más desarrollados concretar “los compromisos asumidos” en las reuniones precedentes a este encuentro que se realiza en Toyako (Japón). Benedicto XVI instó a “aprobar con coraje todas las medidas necesarias para vencer el flagelo de la extrema pobreza, del hambre, de las enfermedades, del analfabetismo, que afectan aún a gran parte de la humanidad”. “Yo también me uno a este fuerte llamado a la solidaridad”, manifestó el Papa, y reclamó que “la generosidad y la clarividencia ayuden a tomar decisiones destinadas a relanzar un equitativo proceso de desarrollo integral, en salvaguardia de la dignidad humana”.

La cumbre del G-8 reúne a jefes de Estado de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia.

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Perdonar no es avalar el mal

Autor: Remedios Falaguera | Fuente: Catholic.net

del mal que me han hecho, aunque humanamente parezca irremediable, Dios puede obtener un bien…

Suele ocurrir –por lo menos eso me parece a mi- que El Señor nos hace “llamadas perdidas”. Son como un breve timbrazo directo al corazón, en un momento concreto, no solo para que hacernos caer en la cuenta de que El está ahí, sino que a veces las utiliza para hacernos ver algún aspecto de nuestra vida en el que necesitamos insistir o reflexionar.

Pues bien, hace pocos días, mientras leía La aceptación de los demás en el libro La libertad interior de Jacques Philippe, el Señor me hizo una de esas “llamadas perdidas”.

En dicho capitulo, el autor nos anima a aceptar el sufrimiento que nos causan los demás, “como un favor o como un beneficio”, ya que cada uno de nosotros, “en las circunstancias externas más adversas, dispone en su interior de un espacio de libertad que nadie puede arrebatarle, porque Dios es su fuente y su garantía. Sin este descubrimiento, nos pasaremos la vida agobiados y no llegaremos a gozar nunca de la auténtica felicidad. Por el contrario, si hemos sabido desarrollar dentro de nosotros este espacio interior de libertad, sin duda serán muchas las cosas que nos hagan sufrir, pero ninguna logrará hundirnos ni agobiarnos del todo”.

A pesar de ello, nos advierte que no podemos ni debemos permanecer pasivos ante el mal, las injusticias, la verborrea doliente, etc. “A veces es necesario salir al paso de aquella persona cuya conducta nos hace sufrir para ayudarle a darse cuenta y corregirse. Otras veces es nuestro deber reaccionar con firmeza contra ciertas situaciones injustas y protegernos -o proteger a los demás- de comportamientos destructivos. Pero siempre quedará cierta parte de sufrimiento que procede de nuestro entorno y que no seremos capaces de evitar ni corregir, sino que habremos de aceptar”.

Y es debido a esto, que necesitamos educamos para aceptar a los demás como son, para comprender que su sensibilidad y los valores que los sustentan no son idénticos a los nuestros; para ensanchar y domar nuestro corazón y nuestros pensamientos en consideración hacia ellos. …Una tarea complicada que nos obliga a relativizar nuestra inteligencia, a hacernos pequeños y humildes; a saber renunciar a ese «orgullo de tener razón» que tan a menudo nos impide sintonizar con los otros; y esta renuncia, que a veces significa morir a nosotros mismos, cuesta terriblemente”.

Pero, tengamos en cuenta que comprender a los demás y perdonar no significa necesariamente avalar el mal, ni dar como bueno lo que no es justo ni verdadero. De eso los padres sabemos mucho.

Perdonar a una persona, como bien dice J. Philippe, “significa lo siguiente: a pesar de que esta persona me ha hecho daño, yo no quiero condenarla, ni identificarla con su falta, ni tomarme la justicia por mi mano. Dejo a Dios, el único que escudriña las entrañas y los corazones y juzga con justicia, la misión de examinar sus obras y emir un juicio, pues yo no deseo encargarme de tan difícil y delicada tarea, que sólo corresponde a Dios. Es más, no quiero reducir a quien me ha ofendido a un juicio definitivo e inapelable; sino que lo miro con ojos esperanzados, creo que algo en él puede dar un giro y cambiar, y continúo queriendo su bien.

Creo también que del mal que me ha hecho, aunque humanamente parezca irremediable, Dios puede obtener un bien… A fin de cuentas, nosotros sólo podemos perdonar de verdad porque Cristo ha resucitado de entre los muertos, y esta resurrección constituye la garantía de que Dios es capaz de sanar cualquier mal”.
Y, para reforzar lo dicho a lo largo del capitulo, el autor concluye: Habrá penas y miserias, pero él (nosotros) no se someterá a nada, ni dependerá de circunstancias afortunadas o desafortunadas, ni existirán para él acontecimientos negativos, sino que todo cuanto sucede en el mundo estará a su servicio y beneficiará a su crecimiento en el amor y en su condición de hijo de Dios. Ni las circunstancias, ni las contingencias buenas o malas, ni el comportamiento de los demás pueden afectarle negativamente: sólo pueden fomentar su verdadero bien, que es amar”.

(*) La expresión “llamadas perdidas” la leí hace unos años en un artículo de D. Enrique Monasterios. Debo confesar que desde entonces, suelo utilizarla para referirme a esos pequeños detalles que los hijos pequeños tenemos en el trato con nuestro Padre Dios y con María, nuestra Madre.

Julio 9, 2008 Publicado por mariooweb | General, religion | | Aún no hay comentarios